Santos Pablo Miki y compañeros, mártires

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Primera Lectura Eclo 47:2-11

Como la grosura de la víctima se separa de la carne; así fue David separado de entre los hijos de Israel. En su juventud se burló de los leones, como si fuesen unos corderos; y otro tanto hizo con los osos, como si fuesen corderitos. 4. ¿No fue él quien mató al gigante quitando el oprobio de su nación? AIzando la mano, derribó con la piedra de su honda al orgulloso Goliat. Por invocar al Señor todopoderoso, el cual dio fuerza a su brazo para degollar a un tan valiente campeón, y realzar los bríos de su nación. Así el Señor le glorificó con diez mil, le hizo ilustre con sus bendiciones y le dio una corona gloriosa. Pues derrotó por todas partes a los enemigos, y exterminó hasta hoy día a los filisteos, sus contrarios; quebrantando sus fuerzas para siempre. En todas sus obras dio la gloria al Santo y Excelso con palabras de suma alabanza. Alabó al Señor con todo su corazón, y amó a Dios, su Creador; el cual le había armado de fortaleza contra los enemigos. Estableció cantores enfrente del altar, y para sus cánticos les dio armoniosos tonos.

Salmo Responsorial Sal 18:31, 47, 50, 51

31. ¡El Dios mío!... Su conducta es perfecta, Su palabra acrisolada. Él mismo es el escudo de cuantos lo buscan como refugio.

47. ¡Vive Yahvé! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Sea ensalzado el Dios mi Salvador!

Por eso te alabaré entre las naciones, oh Yahvé; cantaré himnos a tu Nombre.

Él da grandes victorias a su rey, y usa de misericordia con su ungido, con David y su linaje, por toda la eternidad.

Evangelio Mc 6:14-29

El rey Herodes oyó hablar (de Jesús), porque su nombre se había hecho célebre y dijo: “Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso las virtudes obran en Él”. Otros decían: “Es Elías” otros: “Es un profeta, tal como uno de los (antiguos) profetas”. No obstante esos rumores, Herodes decía: “Aquel Juan, a quien hice decapitar, ha resucitado”. Herodes, en efecto, había mandado arrestar a Juan, y lo había encadenado en la cárcel, a causa de Herodías, la mujer de Filipo, su hermano, pues la había tomado por su mujer. Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”. Herodías le guardaba rencor, y quería hacerlo morir, y no podía. Porque Herodes tenía respeto por Juan, sabiendo que era un varón justo y santo, y lo amparaba: al oírlo se quedaba muy perplejo y sin embargo lo escuchaba con gusto. Llegó, empero, una ocasión favorable, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un festín a sus grandes, a los oficiales, y a los personajes de Galilea. Entró (en esta ocasión) la hija de Herodías y se congració por sus danzas con Herodes y los convidados. Dijo, entonces, el rey a la muchacha. “Pídeme lo que quieras, yo te lo daré”. Y le juró: “Todo lo que me pidas, te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino”. Ella salió y preguntó a su madre: “¿Qué he de pedir?” Esta dijo: “La cabeza de Juan el Bautista”. Y entrando luego a prisa ante el rey, le hizo su petición: “Quiero que al instante me des sobre un plato la cabeza de Juan el Bautista”. Se afligió mucho el rey; pero en atención a su juramento y a los convidados, no quiso rechazarla. Acto continuo envió, pues, el rey un verdugo, ordenándole traer la cabeza de Juan. Este fue, lo decapitó en la prisión, y trajo sobre un plato la cabeza que entregó a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. Sus discípulos luego que lo supieron, vinieron a llevarse el cuerpo y lo pusieron en un sepulcro.