Nuestra Señora de Lourdes

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Primera Lectura Is 66:10-14c

10. ¡Regocijaos con Jerusalén y alegraos en ella, todos los que la amáis! Exultad con ella cuantos por ella estáis llorando, para que maméis hasta saciaros de los pechos de sus consolaciones; para que sorbáis con fruición la abundancia de su gloria. Porque así dice Yahvé: “He aquí que voy a derramar sobre ella la paz como un río, y, como un torrente desbordado, la gloria de los gentiles. Vosotros chuparéis su leche; seréis llevados en brazos y acariciados sobre rodillas. Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré Yo a vosotros; seréis consolados en Jerusalén. Al verlo realizado se alborozará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como la hierba; se hará manifiesta la mano de Yahvé en favor de sus siervos, y su indignación contra sus enemigos.

Evangelio Jn 2:1-11

Al tercer día hubo unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Jesús también fue invitado a estas bodas, como asimismo sus discípulos. Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le dijo: “¿Qué (nos va en esto) a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía”. Su madre dijo a los sirvientes: “Cualquier cosa que Él os diga, hacedla”. Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, que contenían cada una dos o tres metretas. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”; y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: “Ahora sacad y llevad al maestresala”; y le llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, cuya procedencia ignoraba —aunque la conocían los sirvientes que habían sacado el agua—, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el buen vino, y después, cuando han bebido bien, el menos bueno; pero tú has conservado el buen vino hasta este momento”. Tal fue el comienzo que dio Jesús a sus milagros, en Caná de Galilea; y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.