San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia

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Primera Lectura Col 3:12-17

Vestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, longanimidad, sufriéndoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tuviere queja contra otro. Como el Señor os ha perdonado, así perdonad también vosotros. Pero sobre todas estas cosas, (vestíos) del amor, que es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo, a la cual habéis sido llamados en un solo cuerpo, prime en vuestros corazones. Y sed agradecidos: La Palabra de Cristo habite en vosotros con opulencia, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando a Dios con gratitud en vuestros corazones, salmos, himnos y cánticos espirituales. Y todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando por medio de Él las gracias a Dios Padre.

Salmo Responsorial Sal 37:3-4, 5-6, 30-31

Tú, espera en Yahvé y obra el bien; permanece en la tierra y cultiva la rectitud. Pon tus delicias en Yahvé, y Él te otorgará lo que tu corazón busca.

Entrega a Yahvé tu camino; confíate a Él y déjale obrar. Él hará aparecer tu justicia como el día, y tu causa como la luz meridiana.

La boca del justo profiere sabiduría, y su lengua habla con rectitud. La Ley de su Dios está en su corazón, y sus pasos no vacilan.

Evangelio Lc 6:43-45

Pues no hay árbol sano que dé frutos podridos, ni hay a la inversa, árbol podrido que dé frutos sanos. Porque cada árbol se conoce por el fruto que da. No se recogen higos de los espinos, ni de un abrojo se vendimian uvas. El hombre bueno saca el bien del buen tesoro que tiene en su corazón; mas el hombre malo, de su propia maldad saca el mal; porque la boca habla de lo que rebosa el corazón.