Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa

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Primera Lectura Prov 31:10-13, 19-20, 30-31

Una mujer fuerte, ¿quién podrá hallarla? Mucho mayor que de perlas es su precio. Confía en ella el corazón de su marido, el cual no tiene necesidad de tomar botín (a otros). Le hace siempre bien, y nunca mal, todos los días de su vida. Busca lana y lino y trabaja con la destreza de sus manos.

Aplica sus manos a la rueca; y sus dedos manejan el huso. Abre su mano al pobre, y la alarga al mendigo.

Engañosa es la belleza, y un soplo la hermosura. La mujer que teme a Yahvé, esa es digna de alabanza. Dadle del fruto de sus manos, y sus obras sean su alabanza ante el pueblo.

Salmo Responsorial Sal 131:1bcde, 2, 3

Cántico gradual. De David. Yahvé, mi corazón (ya) no se engríe ni son altaneros mis ojos. No ando tras de grandezas ni en planes muy difíciles para mí;

lejos de eso, he hecho a mi alma quieta y apaciguada como un niño que se recuesta sobre el pecho de su madre; como ese niño, está mi alma en mí.

Oh Israel, espera en Yahvé, desde ahora y para siempre.

Evangelio Mc 3:31-35

Llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose de pie afuera, le enviaron recado, llamándolo. Estaba sentada la gente alrededor de Él y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos están fuera buscándote”. Mas Él les respondió y dijo: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y dando una mirada en torno sobre los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “He aquí mi madre y mis hermanos. Porque quien hiciere la voluntad de Dios, ese es mi hermano, hermana y madre”.