Primera Lectura 2Cor 5:14-20
Porque el amor de Cristo nos apremia cuando pensamos que Él, único, sufrió la muerte por todos y que así (en Él) todos murieron. Y si por todos murió, es para que los vivos no vivan ya para sí mismos, sino para Aquel que por ellos murió y resucitó. De manera que desde ahora nosotros no conocemos a nadie según la carne; y aun a Cristo si lo hemos conocido según la carne, ahora ya no lo conocemos (así). Por tanto, si alguno vive en Cristo, es una creatura nueva. Lo viejo pasó: he aquí que se ha hecho nuevo. Y todo esto es obra de Dios, quien nos reconcilió consigo por medio de Cristo, y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación; como que en Cristo estaba Dios, reconciliando consigo al mundo, no imputándoles los delitos de ellos, y poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos pues, embajadores (de Dios) en lugar de Cristo, como si Dios exhortase por medio de nosotros. De parte de Cristo os suplicamos: Reconciliaos con Dios.
Salmo Responsorial Sal 103:1bc-2, 3-4, 8-9, 13-14, 17-18
De David. Bendice a Yahvé, alma mía, y todo cuanto hay en mí bendiga su santo Nombre. Bendice a Yahvé, alma mía, y no quieras olvidar todos sus favores.
Es Él quien perdona todas tus culpas, quien sana todas tus dolencias. Él rescata de la muerte tu vida, Él te corona de bondad y misericordia.
Misericordioso y benigno es Yahvé, tarde en airarse y lleno de clemencia. No está siempre acusando, ni guarda rencor para siempre.
Como un padre que se apiada de sus hijos, así Yahvé se compadece de los que le temen. Porque Él sabe de qué estamos formados: Él recuerda que somos polvo.
Mas la misericordia de Yahvé permanece [desde la eternidad y] hasta la eternidad, con los que le temen, y su protección, hasta los hijos de los hijos, de los que conservan su alianza y recuerdan sus preceptos para cumplirlos.
Evangelio Lc 12:35-40
“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas. Y sed semejantes a hombres que aguardan a su amo a su regreso de las bodas, a fin de que, cuando Él llegue y golpee, le abran en seguida. 37. ¡Felices esos servidores, que el amo, cuando llegue, hallará velando! En verdad, os lo digo, él se ceñirá, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles. Y si llega a la segunda vela, o a la tercera, y así los hallare, ¡felices de ellos! Sabedlo bien; porque si el dueño de casa supiese a qué hora el ladrón ha de venir, no dejaría horadar su casa. Vosotros también estad prontos, porque a la hora que no pensáis es cuando vendrá el Hijo del hombre”.