Santos Juan Fisher, obispo, y Tomás Moro, mártires

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Primera Lectura 1Pe 4:12-19

Carísimos, no os sorprendáis, como si os sucediera cosa extraordinaria, del fuego que arde entre vosotros para prueba vuestra; antes bien alegraos, en cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la aparición de su gloria saltéis de gozo. Dichosos de vosotros si sois infamados por el nombre de Cristo, porque el Espíritu de la gloria, que es el espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. Ninguno de vosotros padezca, pues, como homicida o ladrón o malhechor, o por entrometerse en cosas extrañas; pero si es por cristiano, no se avergüence; antes bien, glorifique a Dios en este nombre. Porque es ya el tiempo en que comienza el juicio por la casa de Dios. Y si comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al Evangelio de Dios? Y si “el justo apenas se salva, ¿qué será del impío y pecador?” Así, pues, los que sufren conforme a la voluntad de Dios, confíen sus almas al fiel Creador, practicando el bien.

Salmo Responsorial Sal 126:1bc-2ab, 2cd-3, 4-5, 6

Cántico gradual. Cuando Yahvé trajo de nuevo a los cautivos de Sión, fue para nosotros como un sueño. Se llenó nuestra boca de risas, y nuestra lengua de exultación. Entonces dijeron entre los gentiles: “Es grande lo que Yahvé ha hecho por ellos.”

Se llenó nuestra boca de risas, y nuestra lengua de exultación. Entonces dijeron entre los gentiles: “Es grande lo que Yahvé ha hecho por ellos.” Sí, Yahvé ha obrado con magnificencia en favor nuestro; por eso nos llenamos de gozo.

Oh Yahvé, cambia nuestro destino como los torrentes en el Négueb. Los que siembran con lágrimas segaran con júbilo.

Yendo, iban llorosos, llevando la semilla para la siembra; volviendo, vendrán con exultación, trayendo sus gavillas.

Evangelio Mt 10:34-39

No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. He venido, en efecto, a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra; y serán enemigos del hombre los de su propia casa. Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí. Quien halla su vida, la perderá; y quien pierde su vida por Mí, la hallará”.