Primera Lectura Is 26:7-9, 12, 16-19
La vereda para el justo está allanada, derecho es el camino que Tú abres al justo. También a través de tus juicios te hemos aguardado, oh Yahvé; hacia tu nombre y hacia tu memoria se dirigían los anhelos de nuestra alma. Mi alma te ansiaba en la noche, y mi espíritu, dentro de mí, te buscaba madrugando; pues cuando tus juicios se aplican a la tierra, los moradores del orbe aprenden la justicia.
Concédenos la paz, oh Yahvé, pues también todas nuestras obras las haces Tú por nosotros.
Te buscaron en la angustia, oh Yahvé, derramaron sus plegarias cuando los castigaste. Como la mujer encinta, cuando está próxima a dar a luz, se retuerce y da gritos en sus dolores; así éramos nosotros, oh Yahvé, delante de Ti. Concebimos y sufrimos dolores de parto; pero hemos dado a luz viento; no dimos salud a la tierra, ni nacieron habitantes del orbe. Vivirán tus muertos; resucitarán los muertos míos. Despertad y exultad, vosotros que moráis en el polvo; porque rocío de luz es tu rocío, y la tierra devolverá los muertos.
Salmo Responsorial Lc 1:46-47, 48-49, 50-51, 52-53, 54-55
Y María dijo: “Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se goza en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Y he aquí que desde ahora me felicitarán todas las generaciones; porque en mí obró grandezas el Poderoso. Santo es su nombre,
y su misericordia, para los que le temen va de generación en generación. Desplegó el poder de su brazo; dispersó a los que se engrieron en los pensamientos de su corazón.
Bajó del trono a los poderosos, y levantó a los pequeños; llenó de bienes a los hambrientos, y a los ricos despidió vacíos.
Acogió a Israel su siervo, recordando la misericordia, conforme lo dijera a nuestros padres en favor de Abrahán y su posteridad para siempre”.
Evangelio Mt 12:46-50
Mientras Él todavía hablaba a las multitudes, he ahí que su madre y sus hermanos estaban fuera buscando hablarle. Díjole alguien: “Mira, tu madre y tus hermanos están de pie afuera buscando hablar contigo”. Mas Él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y extendiendo la mano hacia sus discípulos, dijo: “He aquí a mi madre y mis hermanos. Quienquiera que hace la voluntad de mi Padre celestial, este es mi hermano, hermana o madre”.