San Felipe de Jesús, mártir

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Primera Lectura Sab 3:1-9

Mas las almas de los justos están en la mano de Dios; y no llegará a ellas el tormento de la muerte. A los ojos de los insensatos pareció que morían; y su tránsito se miró como una desgracia, y como un aniquilamiento su partida de entre nosotros, mas ellos reposan en paz. Y si delante de los hombres han padecido tormentos, su esperanza está llena de la inmortalidad. Su tribulación ha sido ligera, y su galardón será grande, porque Dios hizo prueba de ellos, y los halló dignos de sí. Los probó como el oro en el crisol, y los aceptó como víctima de holocausto, y a su tiempo se les dará la recompensa. Brillarán los justos, y discurrirán como centellas por un cañaveral. Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos. El Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en Él, entenderán la verdad; y los fieles a su amor descansarán en Él, pues que la gracia y la paz es para sus escogidos.

Salmo Responsorial Sal 124:2-3, 4-5, 7b-8

si no hubiera estado Yahvé de nuestra parte cuando los hombres se levantaron contra nosotros, nos habrían tragado vivos al inflamarse contra nosotros su furor;

entonces nos habrían sumergido las aguas, el torrente habría pasado sobre nosotros y nuestra alma habría caído bajo las aguas tumultuosas.

Nuestra vida escapó como un pájaro del lazo de los cazadores. El lazo se ha roto y hemos quedado libres. Nuestro socorro está en el Nombre de Yahvé, el que hizo el cielo y la tierra.

Segunda Lectura 2Cor 4:7-15

Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. De todas maneras atribulados, mas no abatidos; sumergidos en apuros, mas no desalentados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no destruidos, siempre llevamos por doquiera en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros, los que (realmente) vivimos, somos siempre entregados a la muerte por causa de Jesús, para que de igual modo la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal. De manera que en nosotros obra la muerte, mas en vosotros la vida. Pero, teniendo el mismo espíritu de fe, según está escrito: “Creí, y por esto hablé”; también nosotros creemos, y por esto hablamos; sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos pondrá en su presencia con vosotros. Porque todo es por vosotros, para que abundando más y más la gracia, haga desbordar por un mayor número (de vosotros) el agradecimiento para gloria de Dios.

Evangelio Lc 9:23-26

Y a todos les decía: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, renúnciese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; mas el que pierda su vida a causa de Mí, la salvará. Pues ¿qué provecho tiene el hombre que ha ganado el mundo entero, si a sí mismo se pierde o se daña? Quien haya, pues, tenido vergüenza de Mí y de mis palabras, el Hijo del hombre tendrá vergüenza de él, cuando venga en su gloria, y en la del Padre y de los santos ángeles.