Miércoles de la III Semana de Pascua

Copiado al portapapeles

Abre Facebook y pégalo en tu publicación.

Primera Lectura Hch 8:1b-8

Saulo, empero, consentía en la muerte de él (de Esteban). Levantose en aquellos días una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén, por lo cual todos, menos los apóstoles se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. A Esteban le dieron sepultura algunos hombres piadosos e hicieron sobre él gran duelo. Entretanto, Saulo devastaba la Iglesia, y penetrando en las casas arrastraba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel. Los dispersos andaban de un lugar a otro predicando la palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicoles a Cristo. Mucha gente atendía a una a las palabras de Felipe, oyendo y viendo los milagros que obraba. De muchos que tenían espíritus inmundos, estos salían, dando grandes gritos, y muchos paralíticos y cojos fueron sanados; por lo cual se llenó de gozo aquella ciudad.

Salmo Responsorial Sal 66:1-3a, 4-5, 6-7a

Al maestro de coro. Cántico. Salmo. Aclamad a Dios con júbilo, tierras todas; cantad salmos a la gloria de su Nombre; dadle el honor de la alabanza. Decid a Dios: “¡Cuan asombrosas son tus obras!” Aun tus enemigos te lisonjean por la grandeza de tu poder.

Prostérnese ante Ti la tierra entera y cante tu Nombre. Venid y contemplad las hazañas de Dios; sublime en sus designios sobre los hombres.

Trocó en tierra seca el mar; el río fue cruzado a pie enjuto. Alegrémonos en Él. Reina con su poderío para siempre; sus ojos observan a las naciones, para que los rebeldes no levanten cabeza.

Evangelio Jn 6:35-40

Respondioles Jesús: “Soy Yo el pan de vida; quien viene a Mí, no tendrá más hambre, y quien cree en Mí, nunca más tendrá sed. Pero, os lo he dicho: a pesar de que me habéis visto, no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a Mí, y al que venga a Mí, no lo echaré fuera, ciertamente, porque bajé del cielo para hacer no mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Ahora bien, la voluntad del que me envió, es que no pierda Yo nada de cuanto Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque esta es la voluntad del Padre: que todo aquel que contemple al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna; y Yo lo resucitaré en el último día”.