Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

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Primera Lectura Heb 10:12-23

Este, empero, después de ofrecer un solo sacrificio por los pecados, para siempre “se sentó a la diestra de Dios”, aguardando lo que resta “hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies”. Porque con una sola oblación ha consumado para siempre a los santificados. Esto nos lo certifica también el Espíritu Santo, porque después de haber dicho: “Este es el pacto que concluiré con ellos, después de aquellos días, dice el Señor, pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente”, 17. (añade): “Y de sus pecados y sus iniquidades no me acordaré más”. Ahora bien, donde hay perdón de estos, ya no hay más oblación por el pecado. Teniendo, pues, hermanos, libre entrada en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús; un camino nuevo y vivo, que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y un gran sacerdote sobre la casa de Dios, lleguémonos con corazón sincero, en plenitud de fe, limpiados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme la confesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que hizo la promesa;

Salmo Responsorial Sal 40:6, 7, 8-9, 10, 11

Oh Yahvé, Dios mío, Tú has multiplicado tus hazañas maravillosas, y nadie puede compararse a Ti, por tus planes en favor nuestro. Yo quisiera anunciarlos y proclamarlos, pero su número excede a todo cálculo.

Tú no te has complacido en sacrificio ni ofrenda, sino que me has dado oídos; holocausto y expiación por el pecado no pides.

Entonces he dicho: “He aquí que vengo.” En el rollo del libro me está prescrito hacer tu voluntad; tal es mi deleite, Dios mío, y tu Ley está en el fondo de mi corazón.

He proclamado tu justicia en la grande asamblea; no contuve mis labios; Tú, Yahvé, lo sabes.

No he tenido escondida tu justicia en mi corazón, publiqué tu verdad y la salvación que de Ti viene; no oculté a la muchedumbre tu misericordia y tu fidelidad.

Evangelio Lc 22:14-20

Y cuando llegó la hora, se puso a la mesa, y los apóstoles con Él. Díjoles entonces: “De todo corazón he deseado comer esta pascua con vosotros antes de sufrir. Porque os digo que Yo no la volveré a comer hasta que ella tenga su plena realización en el reino de Dios”. Y, habiendo recibido un cáliz dio gracias y dijo: “Tomadlo y repartíoslo. Porque, os digo, desde ahora no bebo del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios”. Y habiendo tomado pan y dado gracias, (lo) rompió, y les dio diciendo: “Este es el cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced esto en memoria mía”. Y asimismo el cáliz, después que hubieron cenado, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros.