Primera Lectura 2Cor 4:1-2, 5-7
Por lo cual, investidos de este ministerio, según la misericordia que se nos ha hecho, no decaemos de ánimo. Antes bien, hemos desechado los vergonzosos disimulos, no procediendo con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino recomendándonos por la manifestación de la verdad a la conciencia de todo hombre en presencia de Dios.
porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús, pues Dios que dijo: “Brille la luz desde las tinieblas” es quien resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo. Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.
Salmo Responsorial Sal 96:1-2, 2-3, 7-8, 10
Cantad a Yahvé un cántico nuevo, cantad a Yahvé, tierras todas. Cantad a Yahvé, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación.
Cantad a Yahvé, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación. Pregonad su gloria entre los gentiles; sus maravillas entre los pueblos todos.
Reconoced a Yahvé, oh razas de los pueblos, reconoced a Yahvé la gloria y el poder. Reconoced a Yahvé la gloria de su Nombre. Traedle oblaciones y venid a sus atrios.
Anunciad a las naciones: “Reina Yahvé; Él ha dado estabilidad al orbe, para que no vacile; rige a los pueblos con justicia.”
Evangelio Lc 5:1-11
Y sucedió que la muchedumbre se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús de pie junto al lago de Genesaret. Y viendo dos barcas amarradas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían descendido y lavaban sus redes, subió en una de aquellas, la que era de Simón, y rogó a este que la apartara un poco de la tierra. Y sentado, enseñaba a la muchedumbre desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Guía adelante, hacia lo profundo, y echad las redes para pescar”. Respondiole Simón y dijo: “Maestro, toda la noche estuvimos bregando y no pescamos nada, pero, sobre tu palabra, echaré las redes”. Lo hicieron, y apresaron una gran cantidad de peces. Pero sus redes se rompían. Entonces hicieron señas a los compañeros, de la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron, y se llenaron ambas barcas, a tal punto que se hundían. Visto lo cual, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús, y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque yo soy un pecador!” Es que el estupor se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la pesca que habían hecho juntos; y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Pedro. Y Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora pescarás hombres”. Llevaron las barcas a tierra y, dejando todo, se fueron con Él.