San Carlos Borromeo, obispo

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Primera Lectura Phiippians 2:12-18

Así, pues, amados míos, de la misma manera como siempre obedecisteis, obrad vuestra salud con temor y temblor, no solo como cuando estaba yo presente, sino mucho más ahora en mi ausencia; porque Dios es el que, por su benevolencia, obra en vosotros tanto el querer como el hacer. Haced todas las cosas sin murmuraciones ni disputas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación torcida y perversa, entre los cuales resplandecéis como antorchas en el mundo, al presentarles la palabra de vida, a fin de que pueda yo gloriarme para el día de Cristo de no haber corrido en vano ni haberme en vano afanado. Y aun cuando se derrame mi sangre como libación sobre el sacrificio y culto de vuestra fe, me gozo y me congratulo con todos vosotros. Gozaos asimismo vosotros y congratulaos conmigo.

Salmo Responsorial Sal 27:1, 4, 13-14

De David. Yahvé es mi luz y mi socorro; ¿a quién temeré? La defensa de mi vida es Yahvé; ¿ante quién podré temblar?

Una sola cosa he pedido a Yahvé, y esto sí lo reclamo: [habitar en la casa de Yahvé todos los días de mi vida]; contemplar la suavidad de Yahvé y meditar en su santuario.

13. ¡Ah, si no creyera yo que veré los bienes de Yahvé en la tierra de los vivientes! 14. ¡Aguarda a Yahvé y ten ánimo; aliéntese tu corazón y aguarde a Yahvé!

Evangelio Lc 14:25-33

Como grandes muchedumbres le iban siguiendo por el camino, se volvió y les dijo: “Si alguno viene a Mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun también a su propia vida, no puede ser discípulo mío. Todo aquel que no lleva su propia cruz y no anda en pos de Mí, no puede ser discípulo mío”. “Porque, ¿quién de entre vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular el gasto y a ver si tiene con qué acabarla? No sea que, después de haber puesto el cimiento, encontrándose incapaz de acabar, todos los que vean esto comiencen a menospreciarlo diciendo: “Este hombre se puso a edificar, y ha sido incapaz de llegar a término”. 31. ¿O qué rey, marchando contra otro rey, no se pone primero a examinar si es capaz, con diez mil hombres, de afrontar al que viene contra él con veinte mil? Y si no lo es, mientras el otro está todavía lejos, le envía una embajada para pedirle la paz. Así, pues, cualquiera que entre vosotros no renuncia a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío.