XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Copiado al portapapeles

Abre Facebook y pégalo en tu publicación.

Primera Lectura Prov 31:10-13, 19-20, 30-31

Una mujer fuerte, ¿quién podrá hallarla? Mucho mayor que de perlas es su precio. Confía en ella el corazón de su marido, el cual no tiene necesidad de tomar botín (a otros). Le hace siempre bien, y nunca mal, todos los días de su vida. Busca lana y lino y trabaja con la destreza de sus manos.

Aplica sus manos a la rueca; y sus dedos manejan el huso. Abre su mano al pobre, y la alarga al mendigo.

Engañosa es la belleza, y un soplo la hermosura. La mujer que teme a Yahvé, esa es digna de alabanza. Dadle del fruto de sus manos, y sus obras sean su alabanza ante el pueblo.

Salmo Responsorial Sal 128:1-2, 3, 4-5

Cántico gradual. Dichoso tú que temes a Yahvé, que andas en sus caminos. Pues comerás del trabajo de tus manos; serás bendito, te irá bien:

tu esposa, parra fecunda en el interior de tu casa; tus hijos, retoños de olivo alrededor de tu mesa.

Así será bendecido el hombre que teme a Yahvé. Te bendiga Yahvé desde Sión, para que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida;

Segunda Lectura 1Tes 5:1-6

Por lo que toca a los tiempos y a las circunstancias, hermanos, no tenéis necesidad de que se os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que, como ladrón de noche, así viene el día del Señor. Cuando digan: “Paz y seguridad”, entonces vendrá sobre ellos de repente la ruina, como los dolores del parto a la que está encinta; y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón, siendo todos vosotros hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. Por lo tanto, no durmamos como los demás; antes bien, velemos y seamos sobrios.

Evangelio Mt 25:14-30

Es como un hombre, que al hacer un viaje a otro país, llamó a sus siervos, y les encomendó sus haberes. A uno dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos se fue a negociar con ellos, y ganó otros cinco. Igualmente el de los dos, ganó otros dos. Mas el que había recibido uno, se fue a hacer un hoyo en la tierra, y escondió allí el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos, y ajustó cuentas con ellos. Presentándose el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco, y dijo: “Señor, cinco talentos me entregaste; mira, otros cinco gané”. Díjole su señor: “¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. A su turno, el de los dos talentos, se presentó y dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; mira, otros dos gané”. Díjole su señor: “¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. Mas llegándose el que había recibido un talento, dijo: “Tengo conocido que eres un hombre duro, que quieres cosechar allí donde no sembraste, y recoger allí donde nada echaste. Por lo cual, en mi temor, me fui a esconder tu talento en tierra. Helo aquí; tienes lo que es tuyo”. Mas el señor le respondió y dijo: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho allí donde no sembré y recojo allí donde nada eché. Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y a mi regreso yo lo habría recobrado con sus réditos. Quitadle, por tanto, el talento, y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo aquel que tiene, se le dará, y tendrá sobreabundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y a ese siervo inútil, echadlo a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.