Santos Marta, María y Lázaro

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Primera Lectura Jer 15:10, 16-21

10. ¡Ay de mí, madre mía! ¿por qué me diste a luz, hombre de contradicción como soy, y objeto de discordia para todo el mundo? A nadie he prestado dinero, y nadie me prestó a mí, y con todo cada uno de ellos me maldice.

Cuando yo hallé tus palabras, me alimenté con ellas; y tus palabras me eran el gozo y la alegría de mi corazón, porque llevo el nombre tuyo, oh Yahvé, Dios de los ejércitos. No me he sentado para gozarme en el conciliábulo de los que se divierten; bajo tu mano me he sentado solitario, pues me habías llenado de indignación. 18. ¿Por qué no tiene fin mi dolor; y no admite remedio mi herida desahuciada? ¿Serás para mí como un (torrente) falaz, como aguas que engañan? Por esto, así me dice Yahvé: “Si te conviertes, Yo te restauraré, para que puedas estar ante mi rostro, y si separas lo precioso de lo vil, serás como boca mía; ellos han de volver hacia ti, pero tú no debes volverte a ellos. Haré que seas para este pueblo un fuerte muro de bronce. Ellos pelearán contra ti, mas no te vencerán, porque Yo estoy contigo para salvarte y librarte, dice Yahvé. Te libraré de las manos de los malvados, y te redimiré del poder de los opresores.”

Salmo Responsorial Sal 59:2-3, 4, 10-11, 17, 18

Dios mío, sálvame de mis enemigos; defiéndeme de los que me atacan. Líbrame de los que obran iniquidades y protégeme contra los hombres sanguinarios.

Mira: ponen asechanzas a mi vida, y hombres poderosos conspiran contra mí. No hay en mí delito ni pecado, Yahvé.

Oh fortaleza mía, a Ti cantaré. Verdaderamente mi alcázar es Dios. La misericordia de mi Dios se me anticipará y me hará mirar con alegría a mis enemigos.

Entretanto, yo cantaré tu potencia, y desde la mañana saltaré de gozo por tu misericordia; porque fuiste mi protector, y mi refugio en el día de la tribulación.

Oh fortaleza mía, a Ti cantaré. Verdaderamente mi alcázar es Dios, el Dios misericordiosísimo conmigo.

Evangelio Jn 11:19-27

Muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas por causa de su hermano. Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro, en tanto que María se quedó en casa. Marta dijo, pues, a Jesús: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero sé que lo que pidieres a Dios, te lo concederá”. Díjole Jesús: “Tu hermano resucitará”. Marta repuso: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día”. Replicole Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque muera, revivirá. Y todo viviente y creyente en Mí, no morirá jamás. ¿Lo crees tú?” Ella le respondió: “Sí, Señor. Yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de, Dios, el que viene a este mundo”.