Miércoles de la II Semana de Adviento

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Primera Lectura Is 40:25-31

“¿Con quién, pues, me vais a comparar para que le sea semejante?” dice el Santo. Levantad vuestros ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó estas cosas? Aquel que hace marchar ordenadamente su ejército, y a cada uno de ellos lo llama por su nombre. No falta ninguno, tan enorme es su poder y tan inmensa su fuerza. 27. ¿Por qué dices tú, oh Jacob, y hablas tú, oh Israel: “Yahvé no conoce mi camino, Dios no tiene interés en mi causa”? 28. ¿No lo sabes y nunca lo has oído? Yahvé es el Dios eterno, el Creador de los confines de la tierra, no se fatiga, ni se cansa; su sabiduría es insondable. Él da fuerzas al desfallecido y aumenta el vigor del que carece de fortaleza, Desfallecerán hasta los jóvenes, y se cansarán, y los mismos guerreros llegarán a vacilar. Pero los que esperan en Yahvé renovarán sus fuerzas; echarán a volar como águilas; correrán sin cansarse, caminarán sin desfallecer.

Salmo Responsorial Sal 103:1-2, 3-4, 8, 10

De David. Bendice a Yahvé, alma mía, y todo cuanto hay en mí bendiga su santo Nombre. Bendice a Yahvé, alma mía, y no quieras olvidar todos sus favores.

Es Él quien perdona todas tus culpas, quien sana todas tus dolencias. Él rescata de la muerte tu vida, Él te corona de bondad y misericordia.

Misericordioso y benigno es Yahvé, tarde en airarse y lleno de clemencia.

No nos trata conforme a nuestros pecados, ni nos paga según nuestras iniquidades.

Evangelio Mt 11:28-30

Venid a Mí todos los agobiados y los cargados, y Yo os haré descansar. Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón; y encontrareis reposo para vuestras vidas. Porque mi yugo es excelente; y mi carga es liviana”.