San Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia

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Primera Lectura Sab 7:7-10, 15-16

Por esto deseé yo la inteligencia, y me fue concedida; rogué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los reinos y tronos, y en su comparación tuve por nada las riquezas; ni parangoné con ella las piedras preciosas; porque todo el oro, respecto de ella, no es más que una menuda arena, y a su vista la plata será tenida por lodo. La amé más que la salud y la hermosura; y propuse tenerla por luz, porque su resplandor es inextinguible.

A mí me ha concedido Dios el expresar lo que siento; y tener pensamientos dignos de los dones recibidos, porque Él es la guía de la sabiduría, y el que corrige a los sabios; puesto que estamos en sus manos nosotros, y nuestros discursos, y toda la sabiduría, y la ciencia del obrar, y la disciplina.

Salmo Responsorial Sal 37:3-4, 5-6, 30-31

Tú, espera en Yahvé y obra el bien; permanece en la tierra y cultiva la rectitud. Pon tus delicias en Yahvé, y Él te otorgará lo que tu corazón busca.

Entrega a Yahvé tu camino; confíate a Él y déjale obrar. Él hará aparecer tu justicia como el día, y tu causa como la luz meridiana.

La boca del justo profiere sabiduría, y su lengua habla con rectitud. La Ley de su Dios está en su corazón, y sus pasos no vacilan.

Evangelio Mt 7:21-29

No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos cantidad de prodigios?” Entonces les declararé: “Jamás os conocí. ¡Alejaos de Mí, obradores de iniquidad!”. Así pues, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, se asemejará a un varón sensato que ha edificado su casa sobre la roca: Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, se asemejará a un varón insensato que ha edificado su casa sobre la arena: Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, y cayó, y su ruina fue grande”. Y sucedió que, cuando Jesús hubo acabado este discurso, las multitudes estaban poseídas de admiración por su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas de ellos.