Oración del Papa Juan Pablo II por la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

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Oración completa

1. "¡Dios te salve, María, llena eres de gracia!" Virgen Inmaculada, heme aquí una vez más a tus pies, lleno de devoción y gratitud. Vuelvo a esta histórica Plaza de España, en el día solemne de tu fiesta, para orar por la amada ciudad de Roma, por la Iglesia y por el mundo entero. En ti, "humilde y excelsa más que toda criatura", la gracia divina alcanzó plena victoria sobre el mal. Eres para nosotros, peregrinos por los caminos del mundo, luminoso modelo de fidelidad evangélica y prenda siempre viva de una esperanza segura.

2. Virgen Madre, "¡Salvación del Pueblo Romano!" Vela, te lo suplico, por la amada Diócesis de Roma: por sus pastores y fieles, sus parroquias y comunidades religiosas. Vela especialmente por las familias: que el amor sellado por el Sacramento reine siempre entre los esposos; que los hijos caminen por las sendas del bien y de la verdadera libertad; que los ancianos se sientan rodeados de atención y cariño. Inspira, María, en tantos corazones jóvenes, respuestas generosas a la "llamada a la misión", tema sobre el que la Diócesis viene reflexionando a lo largo de estos años. Gracias a un intenso programa de pastoral vocacional, que Roma se enriquezca con nuevas fuerzas jóvenes, dedicadas con entusiasmo al anuncio del Evangelio en la ciudad y en el mundo.

3. ¡Virgen Santísima, Reina de los Apóstoles! Asiste a quienes, mediante el estudio y la oración, se preparan para trabajar en las muchas fronteras de la nueva evangelización. Hoy te encomiendo, de modo especial, la comunidad del Pontificio Colegio Urbano, cuya sede histórica se encuentra ante esta columna. Que esta admirable institución, fundada hace 375 años por el papa Urbano VIII para la formación de misioneros, pueda continuar eficazmente su servicio eclesial. Que todos los que reúne — seminaristas y sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos — estén dispuestos a poner sus energías a disposición de Cristo, al servicio del Evangelio, hasta los confines de la tierra.

4. "¡Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros!" Ruega, oh Madre, por todos nosotros. Ruega por la humanidad, por quienes sufren pobreza e injusticia, violencia y odio, terror y guerra. Ayúdanos a contemplar, con el Rosario, los misterios de aquel que "es nuestra paz", para que todos nos sintamos comprometidos con una perseverante dedicación al servicio de la paz. Mira con especial atención la tierra donde diste a luz a Jesús, tierra que amaste junto con él y que todavía hoy es tan duramente probada. ¡Ruega por nosotros, Madre de la esperanza! "Danos días de paz, vela por nuestro camino. Haz que veamos a tu Hijo, llenos de alegría en el cielo." ¡Amén!

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