Oración completa
Recibe mi confesión, clementísimo y piadoso Señor Jesucristo, única esperanza para la salvación de mi alma. Te pido que me des [a mí, sacerdote tuyo,] contrición de corazón y lágrimas en mis ojos, para que yo pueda llorar día y noche todas mis negligencias con humildad y pureza de corazón.
Oh Señor, Dios mío, recibe mis súplicas. Si estuvieras airado contra mí, ¿a quién buscaré por auxilio? ¿Quién tendrá misericordia de mis iniquidades? Acuérdate de mí, Señor, tú que llamaste a la cananea y al publicano a la penitencia, y acogiste las lágrimas de Pedro. Señor, Dios mío, recibe mis súplicas.
Salvador del mundo, buen Jesús, que te entregaste a la muerte de Cruz para salvar a los pecadores, mírame a mí, miserable pecador, invocando tu Nombre, y no mires mis pecados de modo que olvides tus bondades;
y si he pecado, de modo que merezca la condenación, tú no pierdas lo que has decidido salvar. Sé propicio conmigo, Tú que eres mi Salvador, y ten misericordia de mi alma pecadora. Rompe mis cadenas, cura mis heridas.
Piadosísimo Señor, por los méritos de la purísima e Inmaculada siempre Virgen y Madre tuya María, que tú nos dejaste como Madre [, especialmente de los sacerdotes], y de todos los Santos, envía tu luz y tu verdad a mi alma, para que todos mis defectos aparezcan claros ante mí, aquellos que debo confesar, y que ello me ayude y enseñe a manifestarlos plenamente con un corazón contrito. Tú, oh Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Recibe mi confesión, clementísimo y piadoso Señor Jesucristo, única esperanza para la salvación de mi alma. Te pido que me des [a mí, sacerdote tuyo,] contrición de corazón y lágrimas en mis ojos, para que yo pueda llorar día y noche todas mis negligencias con humildad y pureza de corazón.
SUSCIPE confessionem meam, piissime ac clementissime Domine Iesu Christe, unica spes salutis animae meae, et da mihi, obsecro, contritionem cordis et lacrimas oculis meis, ut defleam diebus ac noctibus omnes neglegentias meas cum humilitate et puritate cordis.
Oh Señor, Dios mío, recibe mis súplicas. Si estuvieras airado contra mí, ¿a quién buscaré por auxilio? ¿Quién tendrá misericordia de mis iniquidades? Acuérdate de mí, Señor, tú que llamaste a la cananea y al publicano a la penitencia, y acogiste las lágrimas de Pedro. Señor, Dios mío, recibe mis súplicas.
Appropinquet oratio mea in conspectu tuo, Domine. Si iratus fueris contra me, quem adiutorem quaeram? Quis miserebitur iniquitatibus meis? Memento mei, Domine, qui Cananaeam et Publicanum vocasti ad paenitentiam, et Petrum lacrimantem suscepisti. Domine, Deus meus, suscipe preces meas.
Salvador del mundo, buen Jesús, que te entregaste a la muerte de Cruz para salvar a los pecadores, mírame a mí, miserable pecador, invocando tu Nombre, y no mires mis pecados de modo que olvides tus bondades;
Salvator mundi, Iesu bone, qui te crucis morti dedisti, ut peccatores salvos faceres, respice me miserum peccatorem, invocantem nomen tuum, et noli sic attendere malum meum ut obliviscaris bonum tuum. Et si commisi unde me damnare potes, tu non amisisti unde salvare soles.
y si he pecado, de modo que merezca la condenación, tú no pierdas lo que has decidido salvar. Sé propicio conmigo, Tú que eres mi Salvador, y ten misericordia de mi alma pecadora. Rompe mis cadenas, cura mis heridas.
Parce ergo mihi, qui es Salvator meus, et miserere peccatrici animae meae. Solve vincula eius, sana vulnera. Domine Iesu, te desidero, te quaero, te volo: ostende mihi faciem tuam et salvus ero.
Piadosísimo Señor, por los méritos de la purísima e Inmaculada siempre Virgen y Madre tuya María, que tú nos dejaste como Madre [, especialmente de los sacerdotes], y de todos los Santos, envía tu luz y tu verdad a mi alma, para que todos mis defectos aparezcan claros ante mí, aquellos que debo confesar, y que ello me ayude y enseñe a manifestarlos plenamente con un corazón contrito. Tú, oh Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Emitte igitur, piissime Domine, meritis purissimae et immaculatae semper Virginis Genetricis tuae Mariae, et Sanctorum tuorum, lucem tuam et veritatem tuam in animam meam, quae omnes defectus meos in veritate mihi ostendat, quos confiteri me oportet, atque iuvet et doceat ipsos plene et contrito corde explicare. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.