Oración antes de la Misa

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Oración completa

No recuerdes, Señor, nuestros delitos, ni los de nuestros padres, ni tomes venganza de nuestros pecados. (T.P. Aleluya.)

- Salmo 83

Al maestro de coro. Por el tono de Hagghittoth (Los lagares). De los hijos de Coré. Salmo.

¡Oh cuan amable es tu morada, Yahvé de los ejércitos!

Suspirando, desfalleciendo, anhela mi alma los atrios de Yahvé. Mi corazón y mi carne claman ansiosos hacia el Dios vivo.

Hasta el gorrión halla una casa, y la golondrina un nido para poner sus polluelos, junto a tus altares, Yahvé de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que moran en tu casa y te alaban sin cesar.

Felices aquellos cuya fuerza viene de Ti, y tienen su corazón puesto en tu camino santo.

Atravesando el valle de lágrimas ellos lo convierten en lugar de manantiales, que la lluvia temprana cubrirá de bendiciones.

Y suben con vigor creciente hasta que Dios se hace ver de ellos en Sión.

Yahvé de los ejércitos, oye mi oración; escucha, oh Dios de Jacob.

Pon tus ojos, oh Dios, escudo nuestro, y mira el rostro de tu ungido.

Un día solo en tus atrios vale más que otros mil. Prefiero estar en el umbral de la Casa de mi Dios que habitar en los pabellones de los pecadores.

Porque sol y escudo es Yahvé Dios; Él da gracia y da gloria. Él no rehúsa ningún bien a los que caminan en inocencia.

Yahvé de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en Ti.

Gloria al Padre, etc.

- Salmo 84

Para él maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

Oh Yahvé, has sido propicio a tu tierra, has trocado en bien la suerte de Jacob.

Has quitado la iniquidad de tu pueblo, cubierto todos sus pecados.

Has puesto fin a todo tu resentimiento, desistido del furor de tu ira.

Restáuranos, oh Dios, Salvador nuestro; aparta de nosotros tu indignación.

¿Acaso estarás siempre enojado con nosotros? ¿Extenderás tu saña de generación en generación?

¿No volverás Tú a darnos vida, para que tu pueblo se alegre en Ti?

Muéstranos, Yahvé, tu misericordia y envíanos tu salvación.

Quiero escuchar lo que dirá Yahvé mi Dios; sus palabras serán de paz para su pueblo y para sus santos, y para los que de corazón se vuelvan a Él.

Sí, cercana está su salvación para los que le temen; y la Gloria fijará su morada en nuestro país.

La misericordia y la fidelidad se saldrán al encuentro; se darán el ósculo la justicia y la paz.

La fidelidad germinará de la tierra y la justicia se asomará desde el cielo.

El mismo Yahvé dará el bien y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante Él y la salud sobre la huella de sus pasos.

Gloria al Padre, etc.

- Salmo 85

Oración de David. Inclina, Yahvé, tu oído y escúchame, porque soy desvalido y necesitado.

Preserva mi vida porque soy santo; salva a tu siervo que espera en Ti.

Tú eres mi Dios, ten misericordia de mí, pues a Ti clamo todo el día.

Alegra el alma de tu siervo, pues a Ti, Señor, elevo mi espíritu.

Porque Tú eres un Señor bueno y pronto a perdonar, lleno de gracia para todos los que te invocan.

Escucha, Yahvé, mi ruego; presta atención a la voz de mi súplica.

En el día de mi aflicción clamo a Ti porque Tú me oirás.

No hay Señor semejante a Ti entre los dioses; ni obras como las obras tuyas.

Todas las naciones que Tú hiciste vendrán a postrarse delante de Ti, Señor, y proclamarán tu Nombre.

Porque Tú eres grande y obras maravillas. Tú solo eres Dios

Enséñame, Yahvé, tu camino para que ande en tu verdad; que mi corazón se alegre en temer tu Nombre.

Te alabaré, Señor Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré tu Nombre por toda la eternidad.

Pues grande ha sido tu misericordia para conmigo; y libraste mi alma de lo más hondo del abismo.

Oh Dios, los soberbios se levantan contra mí, y la turba de los prepotentes amenaza mi vida; ¡No te han tenido en cuenta!

Mas Tú, Señor, Dios de bondad y misericordia, tardo en airarte y clementísimo y leal,

vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí; pon tu fuerza en tu siervo, y salva al hijo de tu esclava.

Dame una señal de tu favor, para que los que me odian vean, confundidos, que eres Tú, Yahvé, quien me asiste y me consuela.

Gloria al Padre, etc.

- Salmo 115

Yo tenía confianza aun cuando hablé diciendo: “Grande es mi aflicción”,

y exclamando en mi angustia: “Todo hombre es mentira.”

¿Qué daré a Yahvé por todo lo que Él me ha dado?

Tomaré la copa de la salud y publicaré el Nombre de Yahvé.

[Cumpliré los votos hechos a Yahvé en presencia de todo su pueblo.]

Es cosa grave delante de Yahvé la muerte de sus fieles.

Oh Yahvé, yo soy tu siervo; siervo tuyo, hijo de tu esclava. Tú soltaste mis ataduras,

y yo te ofreceré un sacrificio de alabanza; publicaré el Nombre de Yahvé.

Cumpliré a Yahvé estos votos en presencia de todo su pueblo;

en los atrios de la casa de Yahvé, en medio de ti, oh Jerusalén.

Gloria al Padre, etc.

- Salmo 129

Cántico gradual. Desde lo más profundo clamo a Ti, Yahvé,

Señor, oye mi voz. Estén tus oídos atentos al grito de mi súplica.

Si Tú recordaras las iniquidades, oh Yah, Señor ¿quién quedaría en pie?

Mas en Ti esta el perdón de los pecados, a fin de que se te venere.

Espero en Yahvé, mi alma confía en su palabra. Aguardando está

mi alma al Señor, más que los centinelas el alba. Más que los centinelas con la aurora

cuenta Israel con Yahvé, porque en Yahvé está la misericordia, y con Él copiosa redención.

Y Él mismo redimirá a Israel de todas sus iniquidades.

Gloria al Padre, etc.

ANT. No recuerdes, Señor, nuestros delitos, ni los de nuestros padres, ni tomes venganza de nuestros pecados. (T.P. Aleluya.)

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Padre nuestro...

℣. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal.

℣. Yo dije: Señor, ten misericordia de mí.
℟. Sana mi alma, porque he pecado contra ti.

℣. Vuélvete a nosotros, Señor, por un poco.
℟. Y sé propicio a tus siervos.

℣. Venga sobre nosotros, Señor, tu misericordia.
℟. Así como hemos esperado en ti.

℣. Que tus sacerdotes se revistan de justicia.
℟. Y que tus santos se alegren.

℣. Límpiame, Señor, de mis faltas ocultas.
℟. Y de las ajenas perdona a tu siervo.

℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Oremos:

Dios clementísimo, inclina los oídos de tu misericordia a nuestras súplicas e ilumina nuestro corazón con la gracia del Espíritu Santo, para que merezcamos servir dignamente en tus santos misterios y amarte con caridad eterna.

Oh Dios, para quien todo corazón está abierto, todo deseo habla y ningún secreto permanece oculto, purifica los pensamientos de nuestro corazón por la infusión del Espíritu Santo, para que te amemos perfectamente y te alabemos dignamente.

Enciende, Señor, nuestros corazones y nuestras entrañas con el fuego del Espíritu Santo, para que te sirvamos con cuerpo casto y te agrademos con corazón puro.

Ilumina, te suplicamos, Señor, nuestras mentes con el Paráclito que procede de ti, y condúcenos a toda la verdad, como prometió tu Hijo.

Que nos asista, te suplicamos, Señor, la fuerza del Espíritu Santo, que purifique benignamente nuestros corazones y nos defienda de toda adversidad.

Oh Dios, que instruiste los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos, en el mismo Espíritu, saborear lo que es recto y gozar siempre de su consuelo.

Señor, te suplicamos que visites y purifiques nuestras conciencias, para que, al venir nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, encuentre en nosotros una morada preparada para él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.

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