Oración preparatoria antes de la Confesión Sacramental

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Oración completa

Oh Dios todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Rey de reyes y Señor de señores, que de la nada me hiciste a tu imagen y semejanza y me redimiste con tu propia Sangre, a quien yo, pecador, no soy digno de nombrar, invocar ni contemplar.

Te suplico humildemente y te ruego con insistencia que mires con misericordia a mí, tu siervo malo. Tú que tuviste misericordia de la mujer cananea y de María Magdalena; tú que perdonaste al publicano y al ladrón colgado en la cruz, ten misericordia de mí.

A ti, Padre piadosísimo, confieso mis pecados, que, aunque quisiera esconderlos, no podría ocultarlos de ti, Señor. Perdóname, oh Cristo, a quien recientemente he ofendido mucho con el pensamiento, la palabra y la obra, y de todos los modos en que yo, hombre frágil y pecador, he podido pecar: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.

Por eso, Señor, suplico tu clemencia, tú que descendiste del cielo para mi salvación y levantaste a David de su caída en el pecado. Perdóname, Señor; perdóname, oh Cristo, tú que perdonaste a Pedro cuando te negó. Tú eres mi Creador y mi Redentor, mi Señor y mi Salvador, mi Rey y mi Dios.

Tú eres mi esperanza y mi confianza, mi guía y mi auxilio, mi consuelo y mi fortaleza, mi defensa y mi liberación, mi vida, mi salud y mi resurrección, mi luz y mi deseo, mi ayuda y mi protección.

Te suplico y te ruego: ayúdame y seré salvo; gobiérname y defiéndeme; fortaléceme y consuélame; confírmame y alégrame; ilumíname y visítame. Resucítame de la muerte, porque soy tu criatura y obra de tus manos.

Señor, no me desprecies, porque soy tu siervo, aunque malo, indigno y pecador. Pero, sea como sea, bueno o malo, siempre soy tuyo. ¿A quién huiré, si no voy a ti? Si tú me rechazas, ¿quién me recibirá? Si tú me desprecias, ¿quién mirará por mí?

Reconóceme, pues, indigno, que acudo a ti aunque sea vil e impuro. Porque si soy vil e impuro, tú puedes limpiarme; si soy ciego, tú puedes iluminarme; si estoy enfermo, tú puedes sanarme; si estoy muerto y sepultado, tú puedes resucitarme. Mayor es tu misericordia que mi iniquidad; mayor es tu piedad que mi impiedad; puedes perdonar más de lo que yo puedo cometer, y puedes compadecerte más de lo que yo, pecador, puedo pecar.

Por tanto, no me desprecies, Señor, ni mires la multitud de mis iniquidades; sino, conforme a la multitud de tus misericordias, ten misericordia de mí, el mayor de los pecadores, y sé propicio conmigo.

Di a mi alma: "Yo soy tu salvación." Tú dijiste: "No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva." Conviérteme a ti, Señor, y no te irrites contra mí.

Te imploro, Padre clementísimo, por tu misericordia; te suplico y te ruego que me conduzcas a un buen fin, a la verdadera penitencia, a una confesión pura y a la digna satisfacción de todos mis pecados. Amén.

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