Martes de la IV Semana de Cuaresma

Copiado al portapapeles

Abre Facebook y pégalo en tu publicación.

Primera Lectura Ez 47:1-9, 12

Después me hizo volver a la entrada de la Casa; y vi aguas que salían por debajo del umbral de la Casa al oriente; pues la fachada de la Casa daba al oriente. Las aguas descendían debajo del lado derecho de la Casa, al sur del altar. Y me sacó fuera por la puerta septentrional, y me hizo dar una vuelta, por el camino de afuera, hasta la puerta exterior que mira al oriente, y vi cómo las aguas salían por el lado derecho. Cuando aquel varón salió hacia el oriente, con la cuerda que llevaba en la mano, midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas; y las aguas (me llegaban) hasta los tobillos. Otra vez midió mil y me hizo pasar por las aguas, y las aguas (me llevaban) hasta las rodillas. Otra vez midió mil, y me hizo pasar, y las aguas (me llegaban) hasta la cintura. Midió (otros) mil; y era ya un río que no podía pasar; porque habían crecido las aguas; eran aguas para nadar, un río que no podía atravesarse. Y me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?” Luego me hizo volver a la orilla del río. Y cuando hube vuelto, vi sobre la orilla del río muchísimos árboles, a una y otra parte. Entonces me dijo: Estas aguas que corren hacia la región oriental, bajan al Arabá y entran en el mar, en el Mar Salado, cuyas aguas quedarán saneadas. Y a dondequiera que llegue ese río, vivirá toda suerte de seres vivientes que nadan, y habrá muchísimos peces; porque al llegar allí estas aguas, quedaran saneadas (las del mar); y a dondequiera que llegue el río, habrá vida.

A lo largo del río, en sus riberas de una y otra parte, crecerá toda suerte de árboles frutales, cuyas hojas nunca caerán y cuyo fruto nunca faltará. Darán nuevos frutos cada mes, pues sus aguas salen del Santuario. Y serán sus frutos para comida, y sus hojas para medicina.

Salmo Responsorial Sal 46:2-3, 5-6, 8-9

Dios es para nosotros refugio y fortaleza; mucho ha probado ser nuestro auxiliador en las tribulaciones. Por eso no tememos si la tierra vacila y los montes son precipitados al mar.

Los brazos del río alegran la ciudad de Dios, la santa morada del Altísimo. Dios está en medio de ella, no será conmovida; Dios la protegerá desde que apunte el día.

Yahvé de los ejércitos está con nosotros; nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid y ved las obras de Yahvé, las maravillas que ha hecho sobre la tierra.

Evangelio Jn 5:1-16

Después de esto llegó una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la (puerta) de las Ovejas una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. Allí estaban tendidos una cantidad de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, que aguardaban que el agua se agitase. [ Porque un ángel bajaba de tiempo en tiempo y agitaba el agua; y el primero que entraba después del movimiento del agua, quedaba sano de su mal, cualquiera que este fuese]. Y estaba allí un hombre, enfermo desde hacía treinta y ocho años. Jesús, viéndolo tendido y sabiendo que estaba enfermo hacía mucho tiempo, le dijo: “¿Quieres ser sanado?” El enfermo le respondió: “Señor, yo no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se agita; mientras yo voy, otro baja antes que yo”. Díjole Jesús: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al punto quedó sanado, tomó su camilla, y se puso a andar. Ahora bien, aquel día era sábado: Dijeron, pues, los judíos al hombre curado: “Es sábado; no te es lícito llevar tu camilla”. Él les respondió: “El que me sanó, me dijo: Toma tu camilla y anda”. Le preguntaron: “¿Quién es el que te dijo: Toma tu camilla y anda?” El hombre sanado no lo sabía, porque Jesús se había retirado a causa del gentío que había en aquel lugar. Después de esto lo encontró Jesús en el Templo y le dijo: “Mira que ya estás sano; no peques más, para que no te suceda algo peor”. Fuese el hombre y dijo a los judíos que el que lo había sanado era Jesús. Por este motivo atacaban los judíos a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.