San Patricio, obispo

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Primera Lectura 1Pe 4:7b-11

El fin de todas las cosas está cerca; sed, pues, prudentes y sobrios para poder dedicaros a la oración. Ante todo, conservad asidua la mutua caridad, porque la caridad cubre multitud de pecados. Ejerced la hospitalidad entre vosotros sin murmurar. Sirva cada uno a los demás con el don que haya recibido, como buenos dispensadores de la gracia multiforme de Dios. Si alguno habla, sea conforme a las palabras de Dios; si alguno ejerce un ministerio, sea por la virtud que Dios le dispensa, a fin de que el glorificado en todo sea Dios por Jesucristo, a quien es la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo Responsorial Sal 96:1-2a, 2b-3, 7-8b, 10

Cantad a Yahvé un cántico nuevo, cantad a Yahvé, tierras todas. Cantad a Yahvé, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación.

Cantad a Yahvé, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación. Pregonad su gloria entre los gentiles; sus maravillas entre los pueblos todos.

Reconoced a Yahvé, oh razas de los pueblos, reconoced a Yahvé la gloria y el poder. Reconoced a Yahvé la gloria de su Nombre. Traedle oblaciones y venid a sus atrios.

Anunciad a las naciones: “Reina Yahvé; Él ha dado estabilidad al orbe, para que no vacile; rige a los pueblos con justicia.”

Evangelio Lc 5:1-11

Y sucedió que la muchedumbre se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús de pie junto al lago de Genesaret. Y viendo dos barcas amarradas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían descendido y lavaban sus redes, subió en una de aquellas, la que era de Simón, y rogó a este que la apartara un poco de la tierra. Y sentado, enseñaba a la muchedumbre desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Guía adelante, hacia lo profundo, y echad las redes para pescar”. Respondiole Simón y dijo: “Maestro, toda la noche estuvimos bregando y no pescamos nada, pero, sobre tu palabra, echaré las redes”. Lo hicieron, y apresaron una gran cantidad de peces. Pero sus redes se rompían. Entonces hicieron señas a los compañeros, de la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron, y se llenaron ambas barcas, a tal punto que se hundían. Visto lo cual, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús, y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque yo soy un pecador!” Es que el estupor se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la pesca que habían hecho juntos; y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Pedro. Y Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora pescarás hombres”. Llevaron las barcas a tierra y, dejando todo, se fueron con Él.